10/05/2020 Elena Pedrosa

Contacts: Sarah Moon

En esta entrada analizo uno de los capítulos de la serie Contacts (idea original de William Klein), que muestra del proceso creativo de algunos destacados artistas visuales. Este comentario es parte de los materiales del Curso de Profesionalización del Artista Fotógrafo que imparto en la Sociedad Fotográfica de Málaga (SFM). Se centra en el desarrollo del proyecto en torno a los temas «cuerpo e identidad» y «territorio y sociedad» y está elaborado durante el confinamiento por COVID-19.   

Sarah Moon (Marielle Marin) nació en Francia (1941), en el seno de una familia judía que se vio obligada a abandonar la Francia ocupada. Encontraron exilio en Inglaterra donde la chica estudió dibujo cuando adolescente y antes de convertirse en modelo en la década de 1960. A partir de 1968 inicia su carrera fotográfica. Para la década de 1970 Moon había logrado fama y aceptación por su estilo bien definido. 

Capítulo 4. DVD2. La renovación de la fotografía contemporánea.  

Traigo a esta serie a Sarah Moon por su manera especial de reflexionar acerca del trabajo de encargo como un continuo del propio trabajo personal. Y por su manera de definir su propio estilo durante este proceso a través de la reflexión sobre el mismo.

También por su capacidad para captar historias y convertirlas en pequeñas escenas imaginarias. Y porque, como ella misma dijo, «creaba el mundo a través de imágenes que tenían más de errores que de aciertos». En una sociedad perfeccionista como esta que sufrimos, volver al poder del error del que habla Gastón Bachelard es una necesidad inminente.

No hace mucho debatía en redes con Juan María Rodríguez de Full Frame acerca del concepto de proyecto. Parece que se está difundiendo la idea de que hacer un proyecto fotográfico es como una losa que pesa contra la creatividad del fotógrafo porque reduce a unas pautas y dirige y condiciona. Hacer un proyecto fotográfico, además, parece ser algo urgente, porque se ha puesto de moda decir que estás trabajando en un proyecto para poder aparentar calidad como fotógrafo.

En ocasiones confundimos el fin y los medios. El objetivo no es hacer un proyecto. El proyecto es un proceso, sólo una manera de organizar el método de trabajo. Algo que proyectas, por tanto, no algo que haces instantáneamente.

Lo que pasa es que, como nuestro idioma es polisémico, al trabajo fotográfico en el que te encuentras en ese proceso, se le llama también proyecto, incluso cuando está acabado. Podríamos decir que se trata de un hacer fotográfico en el que has trabajado durante un tiempo, reflexionando, buscando, experimentando; ideas, materiales, formas, y a ti mismo. Pero ese proceso no siempre es igual para todos los casos. Nunca, en nada, hay una fórmula mágica común para todos. El reto es buscar tu propia fórmula.

UNA FOTO PARA MÍ, UNA VERDADERA FOTO

Como docente, encuentro que en ocasiones lo que se dice se saca de contexto dadas las múltiples interpretaciones que tiene el lenguaje verbal, sobre todo si es escrito y más aún si es una imagen. Cómo interpreto yo qué es un proyecto va a tener mucho que ver con cómo soy y cómo me muevo. Y sobre todo qué ámbito fotográfico estoy vistiendo.

Considero que un fotógrafo, en primer lugar,  se encuentra en una búsqueda que le lleva a la consciencia de qué tipo de fotografía está haciendo y por qué. Iniciarse en la didáctica del proyecto le ayuda a comprender en qué proceso se encuentra y qué puede ayudar a ese proceso. Es un apoyo metodológico, una manera de mostrar caminos que sirven a unos y otros.

Como cualquier fórmula didáctica o manera de proceder, como cualquier norma, no tiene que encajarle a todo el mundo de la misma manera, ni a todos los tipos de fotografía, ni en el mismo momento.

La principal barrera siempre es la de tu propia mente (me dijo un día un amigo). Solemos pensar que es un gran esfuerzo enfrentarse a uno mismo y reflexionar sobre lo que haces. Pero como vemos en este documental de Sarah Moon, sólo dándote la opción de asumir la frustración y aprender de ella te saldrá natural hacer las cosas de otra manera a como las estabas haciendo. Y entonces llegarán los resultados, cuando sepas verlos. En el momento en que decidas, dándote el tiempo que necesites.

«VOY BUSCANDO LA EMOCIÓN Y LA BÚSQUEDA ES POR ELLO DESESPERANTE»

Es por eso que me parece que Sarah Moon es un ejemplo acertado para darse cuenta de que la fotografía de moda, por ejemplo, no es un tipo de fotografía que pueda encuadrarse dentro de la dinámica del proyecto fotográfico de autor (o, mejor aún, es un tipo distinto de proyecto que guarda unas estructuras diferentes tanto espacio-temporales como organizativas) pero quien hace fotografía de moda es fotógrafo/a, y por tanto va a tener en su cabeza: una inquietud, una búsqueda, una noción de belleza, una pasión por fotografiar, un lenguaje visual propio y, sobre todo, una necesidad de expresar o de buscar a través de la fotografía.

Sin darse cuenta, está sucediendo. Mientras realiza su encargo, va construyendo su propio lenguaje, va afianzando qué es lo que la identifica visualmente, va explorando y buscando. Y separa lo que es para el encargo. Y se guarda lo que es para ella. Y lo mezcla, e imprime su esencia, su instinto y su forma en el encargo mismo. Y no es fácil, ser consciente de todo ello. Sobre todo si no se acepta que nada es controlable 100% a priori, que las etiquetas sólo sirven para clasificar y que todo proceso es lento y desesperante.

Es lento y desesperante el proceso de aprendizaje, porque primero conoces, luego comprendes y sólo más tarde asimilas. Y es lento y desesperante el proceso de búsqueda de estilo visual, búsqueda de la foto perfecta o búsqueda del éxito o el reconocimiento. Ninguno de esos procesos son instantáneos, requieren de tiempo y de consciencia.

PONERSE EN RIESGO

El primer error en este proceso es ir a la vida desnudo y querer llegar corriendo. Sobre todo en estos momentos sociales que vivimos, me paro a reflexionar acerca de lo rápido que emitimos juicios erigiéndonos como máximos exponentes del saber.

El conocimiento es un arte muy humilde. Nunca podemos dar nada por sentado. Nunca podemos creer que ya lo sabemos todo. Cada paso es una oportunidad en nuestro aprendizaje, en nuestra búsqueda, porque pasamos la vida aprendiendo y conociéndonos.

Por eso lo primero que hemos de poner en riesgo es la certeza. Lo ya conocido. Las premisas de las que partimos. Nada es perenne, todo proceso es útil. Probemos, rindámonos al azar, sin miedo a equivocarnos. No podemos tener la vida bajo control. Ni siquiera la fotografía. Por supuesto, nunca al arte. Porque el arte surge de ese caos y cuando se ordena, se muere. El arte no es más que poner patas arriba lo establecido.

“No hay más que mezclar las cosas, hablamos de realidad pero se trata de ficción y ante todo hay que hacer soñar”

Conocer el trabajo de Sarah Moon me hizo reconciliarme con un género fotográfico que siempre he considerado muy artificial. Me gusta esa manera en la que esta autora se mezcla a ella misma con el encargo. En un reportaje de moda hay muchos factores: los distintos profesionales que están en juego, la imagen de marca o de la firma, la predominancia del vestido sobre la modelo, pero también la iniciativa de la modelo, la historia que se cuenta y cómo se cuenta, la habilidad técnica, estética y discursiva del fotógrafo. 

Es fácil caer en el juego de las apariencias, de las formas, objetivos y rentabilidades. Es fácil caer en el juego de los egos que, no nos engañemos, en seguida dejan una impronta de vacío en el resultado fotográfico. Algo que se percibe como artificial, que no conmueve, que no emociona. Cuando no sabemos encontrar aún esa autenticidad (la que tiene Sarah Moon al fotografiar) en nuestro interior, copiamos fórmulas de otros. Pero entonces el traje nos queda grande o pequeño. Copiar a los clásicos siempre fue un buen ejercicio técnico en la formación en Bellas Artes. Pero es sólo un ejercicio para adquirir destreza técnica. Ser auténtico, tener una verdadera impronta personal, un estilo visual propio, no se aprende con ninguna fórmula ni con ningún referente. Se aprende arriesgándose y equivocándose. Poniendo el dedo en la llaga.

“Y CUANDO SORÍE CASI PARECE REAL”

¿Es posible vender la publicidad sin emoción?. En estos días todo se construye en torno al Storytelling. El marketing, el coaching, la comunicación, la política, la sociedad. Somos unos contadores de historias, unos cuentistas. Algunos más que otros. Dar con la estructura y la fórmula logra resultados, pero siempre hay resquicios y descuidos que pueden hacer a otros, como en El Show de Truman, destapar el engaño.

Como dice Joan Fontcuberta «el buen fotógrafo es el que miente bien la verdad». Y el siguiente filón, después del de la narrativa, es el de la emoción. Ahora sabemos todos que nos movemos por emociones. Ahora todos queremos emocionar con nuestras fotografías. Hay grandes premios fotográficos más centrados en la actividad de la amígdala cerebral que en la del neocortex. ¿Hay que preguntarse si soy del tipo de fotógrafo que piensa a través de la fotografía, que construye la fotografía pensando, o que siente la fotografía y construye la fotografía sintiendo? Porque a lo mejor soy las dos cosas. Y no tengo que crear para amoldarme a nada. ¿El objetivo es crear o el objetivo es gustar?

 

LA BÚSQUEDA

En Sarah Moon vemos a alguien que reflexiona y siente al mismo tiempo antes, durante y después de su propia actividad fotográfica, y realiza un trabajo por encargo: organizado, medido, profesional, con gran éxito (Chanel, Cacharel), pero también emocionante y rendido al azar, a la emoción, a la propia angustia de la búsqueda.

Pero no es así porque ella manipule su propia manera de enfrentarse a la fotografía. No es así porque ella haya aprendido de alguien a impostar esa forma de sentir la fotografía. Su trabajo es así, porque ella es así. Por eso es tan auténtico.

«Fotografío el privilegio, la quimera, lo improbable, la belleza, la evanescencia»

Si quieres encontrar tu propio estilo visual, primero tendrás que saber quién eres. Cuando fotografíes siendo tú, sin ambages, tendrás un estilo propio. Nadie tendrá que venir de fuera a decirte que lo tienes. Sabrás verlo, porque sabrás verte. Pero para eso es necesaria esa reflexión sobre ti mismo y tu trabajo, antes, durante y después de tu actividad fotográfica. Sin miedo a equivocarte, o a no gustar. Tendrás que descubrirte muchas veces fingiendo para poder concluir, con honestidad, quién eres. Quizá esto sea lo más difícil.

Por eso la necesidad de experimentar, de probarse trajes para ver cuál encaja contigo a la perfección. En el camino del dictado siempre encontrarás subterfugios, atajos que te desvíen de la norma. Puede que te encuentres ahí, en el derivar, o puede que te encuentres en la línea recta. Dependerá, siempre, de cada caso en particular. La creación, como la vida, es algo orgánico, voluble, imprevisible e incontrolable. El mayor error es querer encasillarlo y confundir la figura con el fondo, las estructuras con la esencia.

Pero está claro que, si has llegado aquí, no basta con hacer fotos de todo sin criterio ni discriminación. Si has llegado buscando una fórmula didáctica para profundizar más en lo que haces, has de saber que profundizar duele. Sin asumir el riesgo de ponerte en duda y profundizar en lo que haces es imposible comenzar a caminar por lugares que aún no has transitado.

Lo primero que se pone en riesgo cuando se quiere aprender, como decía, es el autoconcepto. Porque parece que aquello que sabemos o pensamos lo confundimos con la propia identidad. De ahí las controversias que atravesamos en estos días de conflicto social. Para aprender hay que dar crédito a todas las posibilidades sin temer exponernos y dolernos como autores e incluso como pensadores. Lo que pienso no es lo que soy, si a alguien no le gusta lo que pienso no quiere decir que no le guste yo. Lo que fotografío no es lo que soy. Si alguien me critica una foto no me está criticando a mí. Salir de la visceralidad de la identificación personal nos va a hacer, sin duda, sufrir menos, ser más creativos y poder vivir en democracia.

Veo abandonar a muchas personas con talento por miedo a descubrir que no valen. El primer pensamiento ante algo desconocido, complejo o que no conoces, es pensar que no sabes, que no estás preparado. Antes de reconocer el propio fracaso es mejor pensar que es el otro quien está equivocado. Estos artistas locos que hacen las cosas de manera rara… Se divierten, se ensucian con la tierra en el parque, gritan y se ríen. Ayer leí un artículo en el que un sociólogo reflexionaba acerca de los censores de balcón y la relación con la falta de recreo en la infancia. Y sí, los artistas nos dan envidia y miedo al mismo tiempo. Porque pueden demostrarnos que a lo mejor nos gusta hacer las cosas a su manera. Que a lo mejor no hay una única manera de hacer las cosas.

“Hay que poder cambiarlo todo, hacer lo que sea incluso en pleno verano. Hacer lucir el sol en pleno invierno”

Otro aspecto que me ha parecido interesante de este capítulo de Contacts, y de la obra en general de Sarah Moon, es la experimentación entre la realidad y la ficción. Se trata de una constante de la fotografía, pero en este caso parece ser una necesidad de la artista para eludir el aburrimiento de un trabajo fotográfico con el que no se identifica.

EL SUEÑO

En estos momentos sociales en los que vivimos, y sobre todo en los que van a llegar a partir de este momento, parece que el sueño es el recurso más necesario para sobrevivir cuando no hay recursos materiales. Es un mecanismo de defensa. Por eso no hay que forzar a quien no quiere ver la realidad «tal cual es» (si es que la realidad tuviera sólo una forma), porque igual no es su momento y esa elección le hace salvarse. Cuidarse, de alguna manera. Sin saber siquiera que lo está haciendo.

Muchos fotógrafos documentan este momento social de pandemia y conflictos varios desde la conciencia social y la voluntad de guardar la imagen como memoria o reivindicar valores que creen acertados. Necesitan luchar y hacer ver las injusticias. Es su manera de cuidarse y no romperse por dentro.

Otros necesitan hacer de la fotografía su refugio para poder construir un mundo propio. Necesitan aislarse del dolor. Es su manera de cuidarse y no romperse por dentro.

Evadirse observando fotografías bellas como respuesta frontal a las imágenes que retratan una realidad dolorosa, como ya ocurriera durante el periodo de entreguerras, entre esas dos grandes tendencias: el nuevo documentalismo y la fotografía humanista (The Family of Man) es otro recurso terapéutico de la fotografía.

«La imagen no tiene que incomodar o que incomodarse. Lo que está en cuestión es la futilidad, el encanto, la ligereza»

En este caso, decía, parece que Sarah Moon crea su propio estilo, sus propias fotografías, como bálsamo al enfrentarse a una práctica fotográfica en la que no siente que encaje.

Como docente escucho miles de veces hacer esa diferencia entre la fotografía social «para comer», para poder tener un recurso económico y vivir de tu trabajo, y la fotografía artística. La fotografía de bodas, bautizos y comuniones, también la de moda o publicidad, se refieren a un tipo de reportaje social muy demandado que, sin embargo, se concibe con cierto aire despectivo por parte de los fotógrafos artistas. De hecho, todo el mundo se siente artista y hay quienes se justifican a veces por dedicarse profesionalmente, para poder comer, a ese otro ámbito de la fotografía y hay quienes juran que nunca lo harán, como si eso fuera caer en un desprestigio ante sus capacidades.

No me gustan las jerarquías y valoro el trabajo artesano y obrero. Este pensamiento es una cuestión de élites y de clases. Y la fotografía es, por un lado, un oficio, y por otro, un arte. Como también es muchas otras cosas: fotografía de prensa, fotografía científica… ¿quién dice que no puedan mezclarse todas las materias y paradigmas?

Pero hay personas que han nacido para crear. Y que se frustran cuando ven que tienen que vivir de otra manera, a veces más cercana y otras más lejana a su ideal. Conozco a grandes fotógrafos y fotógrafas que viven de la hostelería para poder desarrollar su trabajo personal. Querer hacer del arte un oficio es ya otra cuestión más complicada y que requiere una reflexión profunda.

Ver cómo Sarah Moon, en su trabajo en los años 70 y 80, se ha encontrado en esa situación y cómo la ha utilizado para continuar creciendo hasta llegar al éxito pude resultarnos inspirador y hacernos pensar que está bien hacer lo que cada uno haga, que está bien equivocarse, que está bien soñar, que está bien experimentar.

“Debe privilegiarse el resultado por encima de la experimentación”

Reflexiona Sarah Moon sobre esta frase, añadiendo: «alguien me dijo un día que es lo duro de este trabajo». Sin embargo vemos cómo no es la manera de proceder en su labor. No le importa mostrar el momento en el que no se encuentra a sí misma. No le importa mostrar la frustración de la incomunicación de la modelo. Pero ante eso se arriesga, y hace algo distinto. Por ejemplo, salir del estudio cuando no consigue lo que quiere y probar en otros escenarios. 

«La idea más que la ropa y menos que el miedo (es) lo que nos obliga a salir fuera, el miedo de que nunca más vaya a pasar nada en el interior de un estudio»

No encontrar ese instante decisivo es otro lastre que parece que llevamos los fotógrafos tatuado a fuego. No me imagino a Cartier Bresson calculando ese momento. La creatividad no es más que una mezcla de preparación y pasión, y el resultado surge al mover la coctelera.

RENDIRSE PARA QUE SUCEDA: EL AZAR Y EL ERROR

Sarah Moon reconoce su miedo, la lentitud y lo absurdo que le supone la edición, la selección tras el visionado de contactos. Vemos su perfeccionismo, incluso su autoboicot. Pero se observa, en el proceso, una vez conseguido el resultado. Es consciente de que el resultado pasa necesariamente por ese miedo, esa frustración. Puede parecernos increíble cuando vemos sus logros. ¿Es que los grandes también se sienten inseguros? Pues sí, a cada momento, a cada disparo, como tú y como yo. 

«Sucede a menudo que todos nuestros esfuerzos son en vano» -dice-.  «O bien ya no te lo crees porque lo has fabricado demasiado y entonces lo cambias todo y vuelves a empezar»

“Todo lo que habíamos organizado o promovido conscientemente había de hecho fracasado” 

Pero también nos describe los momentos en los que llega el logro. Ese momento en el que sabes que eso que no sabías qué era cuando lo buscabas está ahí.

«Desrealizo, espero el azar y deseo por encima de todo que algo me asalte mientras lo estoy enfocando» 


«Lo que estaba viendo después de habérmelo imaginado tanto»

«Sucede algo, algo ha cambiado. Todo va tan rápido de repente en esa lentitud que me dejo llevar» 

“Y veo una historia muy claramente fuera del encuadre”

“Instantánea, con todo lo que esa palabra implica de azar y alegría”

“Y pensar que a menudo me paso horas para un solo segundo”

 

Confiar. Creer. Hacer.

Como en un clímax próximo al desenlace, como una coda final. Toda creación acaba en resultado. Todo esfuerzo acaba en solución. Siempre hay luz al final del túnel.

Pero no podemos pretender llegar ahí sin haber pasado por todo lo demás. Una vez llegamos, hay que tener claro que lo verdaderamente importante es el proceso, no el resultado. Y que la mayor obra no es el proyecto, somos nosotros, que nos autoconstruímos de reto en reto y vivimos, mientras.

 

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