12/04/2020 Elena Pedrosa

Contacts: Sophie Calle

En esta entrada analizo uno de los capítulos de la serie Contacts (idea original de William Klein), que muestra del proceso creativo de algunos destacados artistas visuales. Este comentario es parte de los materiales del Curso de Profesionalización del Artista Fotógrafo que imparto en la Sociedad Fotográfica de Málaga (SFM) y se centra en el desarrollo del proyecto en torno a los temas «cuerpo e identidad» y «territorio y sociedad», y está elaborado durante el confinamiento por COVID-19.   

Sophie Calle (París, 9 de octubre de 1953) es una artista conceptual francesa, además de escritora, fotógrafa y directora de cine. El principal objeto de su obra es la intimidad y de modo particular la suya propia. Para ello utiliza gran diversidad de medios de registro como libros, fotografías, vídeos, películas o performances.

Capítulo 1. DVD2. La renovación de la fotografía contemporánea.  

El interés de Sophie Calle parte de una inquietud antropológica pero también de una curiosidad innata. Ambas son características del artista-fotógrafo. Empatizar y curiosear en el otro. ¿Dónde está la gente, qué hace cuando no va a trabajar?, son inquietudes muy actuales.

Trabaja también desde la espontaneidad surrealista del azar. A veces no hay que pensar demasiado las cosas, ni planificar en extremo los proyectos. Sophie Calle eligió por azar (alguien que cargaba un paquete voluminoso, el color de un abrigo…) como cuando hacemos foto de calle, dejando sorprender nuestra mirada al azar. Sophie Calle no comenzó pensando en hacer un proyecto artístico ni documental, ni pensó siquiera en qué iba a hacer, sólo empezó a curiosear y se dejó llevar. Ahora estaréis pensando si está bien o está mal lo que hizo, igual que pensáis si está bien o está mal cada paso que dais en vuestros proyectos. Actuar, hacer, espontáneamente, siguiendo el instinto, será lo que os hará salir de vuestro bloqueo creativo.

 

Anotar, documentar, es parte del proceso.  “Comencé a hacer anotaciones para acordarme de ellos” -dice. No es una pauta ni una directriz cerrada que cumplir sin sentido, sino que es parte orgánica del proceso y se convierte en parte del proyecto.

Dejarse guiar también por el instinto, ver las señales. “Lo vi en una exposición y decidí que eso era un signo revelador” -explica. Los artistas somos como los investigadores, vemos indicios en todas partes. Pero hay que estar abiertos para ver, con esa disposición y falta de prejuicios en el juego creativo que despliega Sophie Calle.

También hay una reflexión importante en este trabajo sobre la intimidad y el respeto al otro que puede ser interesante para pararnos en ella como fotógrafos. Ahora, sobre todo, que algunos se asoman al balcón y observan a los que van y vienen, o a los vecinos, con tanto afán, a veces con la necesidad de cubrir una soledad no elegida, a veces presas del miedo inoculado que crea una nueva necesidad de control del otro. La mirada invasiva. Los límites. 

La fotografía como ritual. Observando y creando pautas propias. Nuestra propia organización.

Y la fotografía como obsesión. Nos puede parecer curioso, incluso aberrante, si hablamos de la obsesión por una persona, pero ¿cuáles son nuestras obsesiones?, ¿qué fotografiamos sin parar?, ¿qué género fotográfico nos obsesiona?

Un momento importante en la evolución de un artista-fotógrafo es cuando cambia la dirección de la cámara y deja de observar a otros para observarse a sí mismo. Porque somos reflejo y proyectamos, porque nos sentimos identificados. Observar la propia rutina diaria es un buen ejercicio para comenzar a trabajar la introspección. Nos hace ser conscientes de nosotros mismos.

También vemos ahí la posibilidad que nos transmite la experiencia del arte conceptual de traspasar la fronteras de la fotografía pura. De utilizar el texto, lo documental, las anotaciones  cotidianas (incluso la lista de la compra o el informe médico), como parte del proyecto. El apropiacionismo de la imagen vernácula, de la fotografía que tiene otro uso fuera del artístico o del puramente fotográfico. El apropiacionismo de la propia imagen (la foto que me hace el otro, el álbum familiar, la foto de carné, la foto que me encuentro al lado de un cubo de basura…).

El tiempo de maduración, el momento en el que se sabe que el proyecto funciona. Cuando cualquier otra actividad vital o fotográfica tiene relación o puede tenerla con ese proyecto o con nuestra obra en general. Una obra que nace de nuestras obsesiones, nuestro interés antropológico, nuestra curiosidad.

¿Cuál es nuestro interés en el cuerpo?, ¿cómo concebimos (física o políticamente) nuestro propio cuerpo o el de los demás? Quizá el atrevimiento de Sophie Calle puede parecernos extremo, sobre todo si pensamos en qué podemos experimentar nosotros en torno al cuerpo y la intimidad, pero seguro que hay un pequeño paso que nos hace sentir cómodos o nos enfrenta a la idea de incomodidad, que ya nos está situando, nos está haciendo pensar en nuestra identidad.

“Las historias verdaderas” es un relato autobiográfico que puede parecerse a las historias de Instagram actuales. A modo de Flat Lay, tan sencillo, mostrando la identidad sólo con el entorno físico y la ropa, sin que aparezca el cuerpo. Con cuidado del significado del contenido y a la vez de la composición. Los observamos y pensamos que nosotros también podemos contar una historia. Una historia cotidiana sobre nosotros mismos. En una sola imagen.

Tan cotidiano como la propia cama. La pérdida de identidad que supone que tu madre alquile una habitación a otros con tu cama. Como cuando nos vamos del núcleo familiar y, en algunos casos, nos “guardan” nuestra habitación para preservar la memoria de lo que hemos sido (y de la que, a las madres sobre todo, les cuesta desprenderse). En otras utilizan esa habitación para otras cosas y el “yo” niño o adolescente ya no está. ¿A dónde se ha ido?. También el ritual cotidiano de decorar la habitación propia en cada mudanza. ¿Cuánto dice de vosotros vuestra habitación, vuestra casa, la que utilizáis como creación-presentación de vuestra identidad?

Increíble la historia que cuenta sobre la cama. Increíble saber de dónde surge el proyecto “Los durmientes”. Fotografiar la cama quemada. Como quien fotografía ruinas. O heridas. O cicatrices. Después de una guerra. Social o personal. Fotografiar para enfrentar el dolor de la realidad. O alejarlo. Cuando está en la foto está fuera, ya no está dentro. Parece que se sintiera menos intenso.

O dar voz a la necesidad del otro. La curiosidad, el interés antropológico. ¿Cómo fotografiar la belleza que describe un ciego? Podríamos preguntarnos, ¿cómo fotografiar la angustia de una persona presa en esta situación de pandemia? ¿o la de un niño de uno o dos años que no puede salir a la calle? ¿o la emoción de un anciano que ve a sus nietos felicitándoles el cumpleaños por videoconferencia?

Si puedes fotografiar conceptos, puedes fotografiar emociones. ¿Puedes fotografiar a partir de un texto escrito, con lo que eso te inspira?, ¿quieres probar a dar voz a quienes tienes alrededor e intentar hacer una foto que explique su incertidumbre, su angustia o su optimismo, su esperanza o sus sueños?. Una historia cotidiana sobre cómo sienten los otros. En una sola imagen.

La fotografía como apunte de una idea. La acción y el concepto partiendo de la fotografía participativa. Que sea el otro el que coja la cámara y me haga la foto. Dar el poder al otro para verme a mí igual que yo miro y capturo su identidad. Bucear en esa bidireccionalidad como hace Ana Cayuela.

La vigilancia a través de la tecnología de la imagen. La vigilancia de los actos cotidianos. La falta de presunción de inocencia. Algo tan a la orden del día actualmente, está siendo utilizado por artistas que ejercitan sus derechos sobre imagen o que obtienen a través de conexión a cámaras de vigilancia a través de internet la imagen del otro. Por ejemplo el proyecto postfotográfico de Alejandro Korea que está expuesto en la Fundación Valentín de Madariaga junto con otros proyectos de alumnos y profesores de las Escuelas de Arte de Andalucía y del que hablo en este reportaje.

Y eso a lo que hace alusión Sophie Calle es algo insólito para ella pero muy habitual para algunos de nosotros: tengo el material pero no tengo la idea.

Ahí es donde es importante documentar referencias, ver qué se ha hecho antes al respecto. Porque, por un lado, esos trabajos similares que vamos descubriendo pueden servirnos de inspiración y hacer avanzar nuestro proyecto. Y, por otro, nos obliga a hacer un análisis para no repetir lo mismo que ya han hecho otros. ¿Qué puedo contar yo con este material?, ¿cuál es mi idea? ¿Qué necesito yo contar, quién soy yo fotografiando?