23/08/2017 Elena Pedrosa

Deriva en el poniente plastificado

Cartel deriva Guajira

Desde el año 2012 he formado parte de movimientos asamblearios y cooperativas en torno al activismo social y el antidesarrollismo. Es por eso que mi visión crítica de la realidad me hace en ocasiones sentirme dentro de una burbuja. Por otro lado, siento que la verdadera burbuja es la que contiene a la sociedad de consumo capitalista que nos venden como la única posible.

En torno al llamado “Mar de plástico” almeriense, afamado y vanagloriado, comparto una visión negativa. Es casi asfixiante, turbia y ajena la sensación de la vida que se deriva de investigaciones científicas, experimentos controlados, la naturaleza oprimida y explotada, nociva también para la salud humana; el trabajo esclavista, disfrazado de excusas que suenan a “bio” y “sostenible” en las fronteras de lo gremial, lo étnico y lo ético.

La herramienta fotográfica utilizada para captar las sombras de lo que hay afuera, las inquietudes de dentro. ¿Qué nos refleja de nuestra sociedad el modus vivendi de plástico que enfrentamos?, sentirlo como un lugar donde las plantas y algunas personas son esclavos me hace reflexionar a través de la imagen acerca de los aspectos no evidenciados de la sociedad que habitamos. Lo social, lo documental, lo artístico…lo que pienso y lo que siento…confuyen en este trabajo.

Estas imágenes sirven para mezclar mis propias opacidades con las incoherencias del paisaje del llamado mar de plástico, siempre tendiendo hacia la abstracción poética y la reflexión político-social. La tradición de la psicogeografía y el surrealismo están detrás del proceso de toma fotográfica así como de la construcción de la narrativa, aleatoria, a partir de dípticos.

Así, una suerte de abstracciones invitan a profundizar en el contexto, llegando a la raíz de aquello que observan muy de cerca, para intentar comprender de qué material está hecho el ser humano.

Ver proyecto >

Deja un comentario