11/03/2021 Elena Pedrosa

Deriva en el Poniente plastificado, una reflexión sobre la producción industrial bajo plástico

Artículo en la revista Mujer y Tierra y reseña de exposición

[Esta entrada recoge el artículo que realicé en marzo de 2019 para la revista «Mujer y Tierra» de la Federación de Mujeres del Poniente y la Alpujarra por la Igualdad. Lo comparto con motivo de la primera exposición individual completa de mi proyecto #derivaenelponienteplastificado en la Escuela de Arte San Telmo, Málaga] Enlace a la revista en Calameo.

Exposición: Reseña de prensa en Diario Sur. Galería de Imágenes. Corte informativo en Canal Sur.

DERIVA EN EL PONIENTE PLASTIFICADO

Por Elena Pedrosa [https://www.elenapedrosa.es/portfolio/deriva-en-el-poniente-plastificado]

La agroindustria no se desarrolló para paliar una falta de bienes alimenticios, sino para exportar sus productos y reemplazar el trabajo de los jóvenes campesinos que requería la industria para sus fábricas.[1]

Somos la huerta de Europa. La explotación agrícola bajo plástico es el pulmón económico del Poniente almeriense. Dice Jorge Jordana, ingeniero agrónomo y economista, que “un tomate puede albergar tanta tecnología como un Ferrari”, y no es casual que ambos productos tengan como origen el método de producción fordista, en el que las personas son máquinas y la tecnología economía. [2]

Estas imágenes, fotografías dispuestas a modo de dípticos, con una narración poética y una reflexión profunda, sirven para mezclar mis propias opacidades con las incoherencias del paisaje del llamado mar de plástico. Utilizo la fotografía para captar las sombras de lo que hay afuera, las inquietudes de dentro.

Hace tiempo que pongo en duda la legitimidad de determinadas afirmaciones científicas que guardan detrás una amplia gama de intereses, sobre todo económicos. Y, como persona interesada en mi salud y la de los míos, así como en la preservación del mundo en el que vivimos, no puedo sino ser crítica ante la información que voy recibiendo. Con todo este bagaje, cuando a partir de un grupo de investigación y creación surgido en la Escuela de Arte de Almería, visitamos uno de los más modernos invernaderos del Poniente almeriense, no pude sino acercarme a fotografiar desde las tripas: ¿Qué nos refleja de nuestra sociedad el modus vivendi de plástico que enfrentamos?, sentirlo como un lugar donde las plantas y algunas personas son esclavos me hace reflexionar, a través de la imagen, acerca de los aspectos no evidenciados de la sociedad que habitamos. Lo social, lo documental, lo artístico, lo que pienso y lo que siento, confluyen en este trabajo.

A costa de obtener mano de obra barata, de no respetar el convenio laboral en muchos de los casos y de sepultar el suroeste de la provincia bajo más de 40.000 hectáreas de plástico, Almería se ha convertido en uno de los principales exportadores de productos hortícolas en toda Europa. [3]

Este extraño paisaje de 21.000 hectáreas de mar de polietileno (tan difícil de reciclar) que rodea Almería y que ha sido el motor de la economía almeriense en los últimos 20 años (a pesar de que en 1984 se prohibió seguir construyendo invernaderos) [4] se basa en la explotación agrícola intensiva, “forzada y masiva”[5], consistente en querer sacar el mayor provecho de las tierras a través de recursos artificiales como el uso intensivo de planguicidas, fertilizantes y pesticidas y la selección y modificación de semillas. Esto supone un mayor impacto en el medioambiente y produce una mayor contaminación, además de la sobreexplotación y salinización de los acuíferos.

A pesar de estar amparado a efectos legales el cultivo de invernadero como actividad agrícola, hay evidencias que lo sitúan dentro de las actividades industriales. Quizá ahí esté el secreto de su alto beneficio económico y quizá por eso para los macroproductores y empresas auxiliares, los agroquímicos “que se filtran a las aguas subterráneas o las condiciones inhumanas que sufren muchos de sus trabajadores, sean solo daños colaterales”[6].

Con el furor de lo Bio y lo sostenible (eufemismos que encierran verdades a medias, ya que la normativa europea permite un porcentaje de uso de pesticidas, fertilizantes e incluso de transgénicos en los productos con sello ecológico, sumado al impacto que supone que un tomate producido en Almería se venda en Alemania), se aplican hoy las técnicas más novedosas, como el control biológico por conservación [7], que pretenden reponer la pérdida de la biodiversidad mediante el manejo artificial del hábitat (por ejemplo a través de la polinización con abejorros comerciales que se ha demostrado como uno de los factores de la merma de la población apícola [8]).

Es obvio que la falta de biodiversidad afecta a la regulación del ciclo del agua, del aire y del clima y el mantenimiento de la fertilidad del suelo y ciclo de los nutrientes, pero además algunas investigaciones apuntan a que “los invernaderos inorgánicos depredan las zonas con recursos hídricos” [9]: el cultivo irrigado de alta y media montaña (utilizado en la cultura árabe antes de que la reconquista castellana extendiera el monocultivo de secano) sería el más idóneo para volver a producir superficie arbolada (que devolviera la lluvia y el verde a nuestras tierras) [10] si las administraciones no hubieran decidido recalificar terrenos con fines turísticos negándole a los agricultores de la zona la explotación de sus propias tierras con métodos tradicionales.

“Todos los seres vivos están protegidos contra los efectos de los productos químicos que nos rodean y estamos bien protegidos contra los efectos de las dosis insignificantes”, explicaba el presidente francés de la Comisión de Estudio de la Toxicidad de los productos Antiparasitarios de Uso Agrícola, André Rico, en 2001, en plena lucha de los apicultores por demostrar la relación del tratamiento con Imidacloprida con la extinción de las abejas. [1]

Seguir sufriendo las mentiras de la dominación cuando todo lo que somos en esencia como seres humanos nos indica cuál es el camino de vuelta a casa supone un caso de alienación patente que sólo podrán ver aquellos que en mis imágenes sepan leer más allá de la belleza poética.

Bibliografía

1-Guy Bernelas “El manto de Medea” Consideraciones sobre la extinción de las abejas. Ed. Muturreko. 2006.

2-Jorge Jordana citado en “Almería, capital española de la gastronomía 2019” [https://almeria2019.es/revistas/n1/78]

3-Paulo Antón “Agricultura | Mar de plástico, la huerta de Europa” El Salto Diario Andalucía, 2 octubre 2018.

[https://www.elsaltodiario.com/agricultura/andalucia-mar-de-plastico-la-huerta-de-europa-invernaderos-almeria]

4-Rafael Ruiz “21.000 hectáreas de invernaderos llevan a Almería al borde del colapso ecológico” El Pais, 3 mayo 1994. [https://elpais.com/diario/1994/05/03/sociedad/767916003_850215.html]

5-Carlos Vattier Fuenzalida “La explotación agrícola en invernadero y sus elementos” 2017 [https://vlex.es]

6-Patricia Simón “El sabor a esclavitud del pepino español” Periodismo humano, 17 febrero 2011.

[https://periodismohumano.com/migracion/el-sabor-a-esclavitud-del-pepino-espanol-i.html]

7-Mónica González, Estefanía Fernández Navarro “¿Será una realidad el control biológico por conservación en los invernaderos de Almería?” 2015. [https://www.interempresas.net/Horticola/Articulos/133520-Sera-una-realidad-el-control-biologico-por-conservacion-en-los-invernaderos-de-Almeria.html]

8-Francisco Maturana “Los abejorros polinizadores comerciales, posible ‘amenaza’ para los autóctonos” Diario de Almería | Finanzas, 17 agosto 2019. [https://www.diariodealmeria.es/finanzasyagricultura/abejorros-polinizadores-comerciales-posible-autoctonos_0_1382861844.html]

9-José Andrés Ibáñez de Miguel “Metamorfosis del paisaje almeriense. Antropología e historia de una alteración.”

Revista de Antropología Experimental, 14. Texto 31. 2014 Universidad de Jaén. [http://revista.ujaen.es/rae]

10-Masanobu Fukuoka “La revolución de una brizna de paja” Ed. Traficantes de sueños. 2011.