EL AGUA EN VENUS

La plasticidad tóxica del paisaje de hierro que no hace sino recordar un pasado que no existe, un presente que ya no tiene vida, y un futuro sólo para la contemplación, la reflexión y la mística.

El paisaje árido y arrasado por la mano del hombre puede ser de una belleza indescriptible igual que la desolación y el declive deja en nosotros mismos una rara ternura estética.

La soledad melancólica de la tierra roja hace pensar en las primeras huellas en otro planeta, ese planeta propio que escogemos para escaparnos del mundo.

Y fue así, cercana a la asfixia, cuando pude encontrar el agua.